Palestina en la UNESCO

Ayer Palestina fue aceptada como miembro pleno de la UNESCO e inmediatamente la portavoz de la Casa Blanca, Victoria Nunland, anunció que fue una decisión “prematura” y que Estados Unidos no pagaría a la organización su aporte programado para el mes de noviembre, el cual asciende a 60 millones de dólares. Según The Washington Post, EEUU aporta anualmente la suma de 80 millones de dólares, lo cual representa un 22% del presupuesto de la UNESCO.

No es la primera vez que EEUU reacciona así. Y es probable que no sea la última. En 1984, tras argumentar que la organización estaba politizada bajo la administración del senegalés Amadou M´Bow, el gobierno de Ronald Reagan se retiró de la UNESCO al considerar escandalosa su iniciativa de formar periodistas para impulsar un nuevo orden mundial de la información. La organización entró entonces en una crisis financiera que la obligó a reorganizar su programación. Específicamente en el área de la ciencia (la “S” de “science” en la sigla UNESCO) se venían financiando proyectos tradicionales de enseñanza de las ciencias naturales y había aparecido una nueva línea denominada science policy.

Con la aceptación de Palestina se puede apreciar perfectamente el frente político de las organizaciones internacionales. Voceros palestinos ya han anunciado que el siguiente paso será lograr el reconocimiento pleno de las Naciones Unidas. A EEUU le preocupa que el tema llegue a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y que ello pueda entorpecer el funcionamiento de las empresas norteamericanas. Esto nos recuerda que las organizaciones internacionales nunca han estado exentas de los roces políticos de sus miembros. En los 80 era la guerra fría. Ahora, la posición eternamente ambigua de Washington en el conflicto entre palestinos e israelíes. Un republicano (Reagan) se retiró de la organización, un republicano (Bush) se volvió a afiliar en el 2002. Y ahora un demócrata (Obama) amenaza nuevamente con dejarla. No obedece a lógica de partidos, sino de contextos, coyunturas e intereses de país.

Las organizaciones de cooperación multilateral, aquellas que otorgan grants para proyectos de cooperación e investigaciones, son también el producto de una negociación política. Y entre los teóricos del institucionalismo internacional está todavía en discusión si verdaderamente responden a los intereses específicos de los países que las conforman, o si por el contrario han ganado una autonomía que les permite definir su propia agenda.

Es interesante analizar cómo la UNESCO, después de tantos años, vuelve a dar muestra de que lejos de ser una organización “ascéptica”, “objetiva” y aislada de todo conflicto, es una organización que actúa como plataforma política y de legitimación. Fue ahora el turno de una Palestina que  no veía resultado en las negociaciones mediadas por Washington.

El movimiento de intereses y la alineación diplomática de las fuerzas no es nada nuevo en las organizaciones internacionales. Simplemente las permite apreciar en su intimidad y lejos de toda su retórica. Eso es lo que hay.

Postdata: Con este post vuelvo a publicar después de ocho meses intensos dedicados a la escritura de mi tesis doctoral. Casualmente, ayer, cuando me enteré de la aceptación de Palestina, estaba cerrando un capítulo donde había analizado la actuación de la UNESCO en Colombia, durante los años setenta, en el área de la política científica. Una buena casualidad para regresar.

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