Lo encontré en un libro de política científica del año 1978 en la biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlín. Pero estaba más visible de lo que yo imaginaba y mi ignorancia me permitía apreciar. La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales lo tiene entre su galería de científicos ilustres. Se llama Rafael Nieto París, nació en Neiva en 1839 y fue uno de los ingenieros y matemáticos más distinguidos de su época.
Nieto París estudió en la Universidad de Boston después de haber adelantado estudios secundarios en el colegio de los jesuitas de Guatemala. Más dudas me surgen. Me llama la atención pensar cómo a finales del siglo XIX los científicos se movilizaban, considerando las dificultades de transporte de la época, especialmente en Colombia. Nieto París: de Neiva a Guatemala, de Guatemala a Boston, de Boston a Bogotá, extraño recorrido.
Esto de la movilidad de los científicos viene de mucho tiempo atrás. Un viejo conocido decía: „uno no es de donde nació sino de donde trabaja“. El eterno problema de la migración. Nieto París es un ejemplo de ello. El astrónomo que inventó un método para el cálculo de los eclipses de sol, el relojero curioso, el geómetra que estudió temas como la popularmente citada „cuadratura del círculo“, fue reseñado en el libro „Inventos y Patentes de Colombia 1930-2000“ como miembro del grupo de „ingenieros bogotanos“.
No sé si eso habría sido significativo para él, a lo mejor era una consecuencia lógica de que no existiera un „grupo de ingenieros opitas“ (opitas = nacidos en Neiva). Lo que sé es que esa es una situación más evidente en estos tiempos y no solo al interior de un país, sino a escala mundial. „Uno no es de donde nace sino de donde trabaja“, algo quizás tan complejo como la misma cuadratura del círculo.
***
Nota: Después de haber finalizado este post, me encontré dos datos más sobre Nieto París: 1) fue profesor de Julio Garavito, sí, el astrónomo y matemático que aparece en los billetes de 20 mil pesos colombianos; 2) fue uno de los ingenieros que diseñó otro de los famosos puentes que aparecieron debajo de las calles bogotanas con motivo de las excavaciones de Transmilenio. Y una confesión adicional: soy de Neiva.